El rugido de un motor V8, una persecución legendaria por las colinas de San Francisco y Steve McQueen al volante. Si hablamos de cine y automovilismo, Bullitt (1968) es el Santo Grial. Pero detrás de las cámaras, la historia de los dos Ford Mustang GT390 Fastback utilizados en el rodaje es casi tan fascinante como la película misma.
Durante décadas, estos coches fueron considerados «desaparecidos», alimentando mitos urbanos y búsquedas frenéticas por parte de coleccionistas. Te contamos qué pasó realmente con los Ford Mustang de Bullitt.
Los dos Ford Mustang de Bullitt: el «héroe» y el «especialista»
Para el rodaje, Warner Bros. compró dos Mustang idénticos en color Highland Green. Sin embargo, tuvieron destinos muy diferentes:
-
El coche «Héroe» (Chasis ‘559): Utilizado para las tomas de conducción tranquila y primeros planos de McQueen.
-
El coche «Jump» o de saltos (Chasis ‘558): Modificado con suspensiones reforzadas para soportar los brutales saltos y colisiones de la persecución.
El misterio del coche desaparecido de Bullit: El Ford Mustang escondido en un garaje
La historia del coche «Héroe» (número de chasis 8R02S125559) es una de las crónicas más íntimas y curiosas del coleccionismo automotriz. Te contamos los detalles de su increíble viaje con una familia que quería una vida normal.
1. ¿Qué fue el Ford Mustang protagonista de Bullitt? De la pantalla a la calle
Tras finalizar el rodaje en 1968, el coche no se guardó en un museo. Robert Ross, un empleado de Warner Bros., lo compró para usarlo como su coche de diario. Poco después, se lo vendió a un detective de Nueva Jersey llamado Frank Marranca, quien mantuvo el coche por un corto tiempo antes de poner un anuncio en la revista Road & Track en 1974.
2. ¿Cuánto costó el Mustang de Bullitt? La compra de los 3.500 dólares
Robert Kiernan, un ejecutivo de seguros de Madison (Nueva Jersey), vio el anuncio. El texto era simple: «Mustang Bullitt de 1968, conducido por Steve McQueen en la película… acepto ofertas». Kiernan lo compró por 3.500 dólares (el equivalente a unos 18.000 dólares de hoy), no como una inversión, sino porque su esposa Robbie necesitaba un coche para ir a trabajar.
Durante años, el Mustang más famoso del mundo fue el vehículo familiar de los Kiernan. Iban al supermercado con él, llevaban a los niños al colegio y hacían viajes por carretera, acumulando unos 48.000 kilómetros. Se cuenta que el coche hacía tanto ruido (debido a las modificaciones de escape que le hicieron para la película) que los vecinos y sus alumnos sabían perfectamente cuándo estaba llegando «la señora Kiernan».
3. La famosa carta de Steve McQueen para recuperar el Mustang de la película
En 1977, Steve McQueen, obsesionado con recuperar las máquinas que marcaron su carrera, logró localizar a Kiernan. Le envió una carta escrita a máquina con un tono casi suplicante:
«Me gustaría mucho volver a tener mi Mustang del 68. Me gustaría mucho conservarlo en su estado original… si no es una cantidad exagerada, me gustaría que me lo vendieras. Si no, ¿podríamos considerar un intercambio por otro Mustang similar?»
Robert Kiernan, valorando el coche como un objeto sentimental y no por la fama del actor, nunca respondió. La carta se guardó en un cajón y el coche siguió en el garaje.
4. El «retiro» y el secreto familiar: la desaparición del Ford Mustang de Bullitt
A principios de los 80, el embrague del Mustang se rompió. En lugar de repararlo, los Kiernan decidieron guardarlo. A medida que la fama de la película crecía y el valor de los coches clásicos se disparaba, la familia se dio cuenta de que tenían un «tesoro radiactivo»: si el mundo sabía que el coche estaba allí, no volverían a tener paz.
Se mudaron varias veces (de Nueva Jersey a Kentucky y luego a Florida), y en cada mudanza, el Mustang viajaba en un remolque cerrado, escondido bajo mantas. El coche se convirtió en un secreto compartido solo entre padres e hijos.
5. La reaparición del Mustang de Bullitt: El regreso triunfal en el Salón de Detroit 2018
Robert Kiernan falleció en 2014 sin ver el coche restaurado. Fue su hijo, Sean Kiernan, quien decidió que el mundo debía conocer la historia. Trabajó en secreto con Ford durante dos años para preparar el lanzamiento del 50 aniversario.
Cuando el coche apareció en el Salón del Automóvil de Detroit en 2018, el público quedó en shock. El coche no había sido restaurado: conservaba la pintura Highland Green desgastada, los agujeros en el chasis donde se montaron las cámaras de cine, e incluso restos de la cinta adhesiva que usaron los técnicos de sonido.
6. El Ford Mustang de Steve McQueen: récord en subasta
En enero de 2020, Sean Kiernan subastó el coche en la casa Mecum. El motor rugió una última vez ante una multitud que aplaudía en pie. Se vendió por 3,74 millones de dólares, convirtiéndose en ese momento en el Ford Mustang más caro de la historia.
Lo más bonito de esta historia es que, a pesar de los millones, Sean Kiernan siempre dijo que lo más valioso no era el metal, sino el recuerdo de su padre conduciendo aquel coche por las carreteras secundarias de Nueva Jersey.
Bullitt | Ford Mustang GT | Greenlight 1/24
Revive de la mítica persecución de la película Bullitt con este coche en miniatura.
34,90 €COMPRAR
El Ford Mustang de saltos de Bullitt: El milagro en el desierto
Si el primer coche tuvo una vida tranquila, el segundo fue al infierno y volvió. Tras quedar destrozado por los saltos en San Francisco, se pensó que el chasis ‘558 había terminado en un desguace. Se le dio por perdido durante 50 años.
Sin embargo, en 2017, la noticia saltó desde México. Un restaurador de coches llamado Hugo Sánchez encontró el chasis en un desguace de Baja California. Estaba a punto de ser convertido en una réplica de «Eleanor» (Gone in 60 Seconds), hasta que alguien verificó el número de serie. Era, efectivamente, el Mustang saltarín de McQueen.
Aunque estaba en un estado deplorable y sin el motor original, su autenticidad fue confirmada por el experto Kevin Marti, convirtiéndose en uno de los hallazgos más importantes de la historia del automovilismo.

El Mustang de Bullitt es un símbolo de una era donde los efectos especiales eran reales y el peligro se sentía en cada fotograma. El hecho de que ambos coches sobrevivieran al olvido, uno guardado como un tesoro familiar y el otro rescatado del desierto, solo añade misticismo a la leyenda de Steve McQueen.